
ANTONIO MALPICA nació en la ciudad de México en Marzo de 1967. Estudió Ingeniería en computación, música y dramaturgia. Escribió en coautoría con Javier Malpica su primera obra teatral en 1987. Junto con él y con Roberto Cravioto crearon la compañía de teatro independiente In-Crescendo en 1992.
Otras obras en coautoría con Javier Malpica son ¡Todos adentro!, Sólo por diversión, y ¡No creas lo que ves!, que han sido puestas en escena. Esta última obtuvo el primer premio en el Festival de Teatro de la delegación Azcapotzalco en 1994. Un año después, estrena profesionalmente Jóvenes aún y, en 1996, Séptimo round —que cumplió más de 180 representaciones.
Asimismo, en 1997 ganó el primer premio en el concurso de cuento de la revista Viceversa y funda el grupo de Jazz-fusión Transfusión, que se presentó tanto en la Ciudad de México como en diversos estados de la república. En 1998-99 coordina la revista Acimut, de la que es fundador, y obtuvo con El impostor mención honorífica en el Concurso de novela MECYF.
El impostor obtuvo en 2002 el Premio Sizgias que otorga la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía. Asimismo, por su novela inédita La niña y el mar, Malpica obtuvo el premio Rosario Castellanos de novela breve 2002. Tiene también publicados diversos cuentos cortos y una novela para niños.
La madrugada del Día del Trabajo de un año posterior al 2001, un accidente libera un virus mortal, al que sólo sobreviven un fragmento de humanidad y las plantas de la Tierra.
En medio del silencio que subraya aun la desaparición de insectos y animales, se desata una última batalla individual por la esperanza: la del exgerente de un banco de la Ciudad de México, Gustavo Báez
A mitad de un escenario apocalíptico, Báez, en su condición de arraigado, intenta mantener y compartir los valores más profundos de la humanidad: la amistad, el amor, el respeto a la vida, la lealtad a la especie y la alianza con lo más noble de los hombres que le antecedieron.
En su gesta participan el docotr Estrada, un brillante científico discapacitado, Marta Ruvalcaba, una violinista de la Sinfónica, y María Fernanda, una niña de seis o siete años.
La habilidad narrativa de Antonio Malpica nos lleva a través de la soledad de cada uno de sus personajes hasta el desenlace de una aventura donde contemplamos los ocasos postreros de la civilización y presenciamos el inevitable encuentro con el deterioro de la ciudad, de los hombres y de las pasiones que ponen en juego la apuesta final de nuestra especie.
